EL ROL DEL ESTILISTA EN PELUQUERÍA: ESTÉTICA Y ÉTICA PROFESIONAL
MI FILOSOFÍA DE TRABAJO
A lo largo de mi vida profesional he trabajado siguiendo mis propias reglas. A mi me ha ayudado, quizás a ti también:
- ESTUDIO Y FORMACIÓN. Estudiar y formarme para no caer en el “Síndrome del impostor”. Suele ocurrir esto cuando aceptas un trabajo para el que no estás suficientemente preparado.
- ILUSIÓN Y GANAS. Dar siempre lo mejor de mí sin límite de horas, porque amo lo que estoy haciendo. Comencé mi carrera trabajando gratis, incluso pagando los materiales de mi propio bolsillo. Nada es fácil, pero si no das a conocer tu trabajo, nadie lo conocerá.
- COMPETENCIA LEAL. Jamás fijarme en el trabajo de los demás para criticar. De cada acción de mis compañeros, aprendo, incluso de sus malas acciones.

ESTÉTICA PROFESIONAL
Como digo son temas delicados, pero me parece de vital importancia recalcarlos a mis alumnos. Parecen cosas obvias, pero créeme, ¡no lo son!
Vas a ser un Peluquero/a Profesional. Eres imagen, vendes imagen. Por ello, tu actitud y apariencia debe ser impecable, ya que trabajas muy cerca de la cara de tu clienta, ¡y su nariz allí muy cerca de tus axilas!
Debes tener especial cuidado con el olor corporal, el aliento, la limpieza de los dientes y el cabello. Todo ello deberá estar controlado para evitar el malestar general de los clientes, compañeros y/o modelos.
Las personas fumadoras deberán evitar el olor a tabaco en sus ropas y realizar una limpieza a conciencia de sus manos y boca, evitando así el mal olor producido por el tabaco.
Es importante seguir las recomendaciones COVID-19 de los expertos, si os interesa, podemos profundizar sobre ello en alguna clase especial.
ROL DEL ESTILISTA EN PELUQUERÍA DE PLATÓ
El rol del peluquero comparte muchos paralelismos con el del maquillador, especialmente en lo que respecta a la ergonomía, la postura corporal y la actitud profesional. Ambos trabajan muy cerca del cliente, durante tiempos prolongados y con un alto nivel de precisión manual, por lo que el cuidado del cuerpo y de la dinámica de trabajo es clave.
Ergonomía del peluquero (en relación con la del maquillador)
Al igual que el maquillador, el peluquero debe mantener una postura erguida, con la espalda alineada y los hombros relajados, evitando inclinarse en exceso sobre el cliente. La altura del sillón es fundamental: debe ajustarse para que el trabajo se realice a la altura del pecho o ligeramente por debajo, minimizando la tensión en cuello, espalda y muñecas.
Los brazos deben trabajar cerca del cuerpo, evitando elevaciones prolongadas por encima de los hombros. Las muñecas, al igual que en el maquillaje, han de mantenerse en posiciones neutras para prevenir sobrecargas, tendinitis o lesiones a largo plazo.
Organización del espacio y fluidez
Tanto en peluquería como en maquillaje, la organización del puesto de trabajo es esencial. Tener las herramientas a mano, bien distribuidas y siempre en el mismo lugar, permite trabajar con fluidez, sin gestos bruscos ni interrupciones constantes. Esto no solo cuida el cuerpo del profesional, sino que también mejora la experiencia del cliente.
Y nunca, NUNCA, sostener los peines o las horquillas con la boca 😉
Actitud profesional: el punto en común más importante
Más allá de la técnica y la ergonomía, el rol humano del peluquero es tan relevante como el del maquillador. Debe ser educado, respetuoso y agradable, creando un ambiente de confianza y bienestar. El contacto cercano exige sensibilidad, discreción y una comunicación clara pero amable.
Cuando se trate de atender a clientas o celebridades, es importante preguntar y alinear los gustos de tu clienta con lo que desea. No vale hacerle un peinado que solo a ti te guste y esté bien ejecutado. Es importante respetar y mantener el estilo de cada persona. Obviamente siempre con un acabado profesional y de calidad, bien realizado y pulido.
Si vamos a trabajar en una sesión de fotos con modelos, es importante una conversación previa con el diseñador y/o el fotógrafo con el fin de establecer el número de looks a realizar, el orden y buscar imágenes inspiración de cada peinado con el fin de alinear gustos, ideas y conceptos. Y siempre ir de menos a más: por ejemplo un peinado suelto con ondas, lo podemos transformar en una coleta alta y tirante, y después en un efecto mojado. Al revés no funcionará el shooting y retrasaremos toda la sesión.
Asimismo, el peluquero, como el maquillador, debe ser resolutivo: saber reaccionar ante errores, imprevistos o cambios de última hora con calma, seguridad y profesionalidad. La preparación y planificación es clave.
La serenidad en la actitud se refleja directamente en el resultado final y en la percepción que el cliente tendrá del servicio.
¿QUÉ ES LA ÉTICA PROFESIONAL?
Quizás sea un atrevimiento por mi parte hablar de ética y mucho menos de la moral. No es mi intención, ni lo será estudiar este tema en profundidad, pero sí intentar transmitir mi filosofía de trabajo, que me ha ayudado mucho a lo largo de los años.
La actitud te abre puertas, o te las cierra. se trata de una carrera de fondo, constante.
Existe un concepto japonés que siempre me ha llamado la atención: IKIGAI.
¿Qué es el IKIGAI?
IKIGAI es un término japonés que suele traducirse como “razón de ser”.
Qué significa de verdad:
Se trata de encontrar el punto donde tu vida, tus capacidades y la realidad del mercado empiezan a encajar.
Por qué puede ayudarte
El IKIGAI te obliga a hacer algo muy importante: dejar de pensar solo en lo que te gusta y empezar a pensar en dónde eso tiene valor, utilidad y sentido.
La clave del Ikigai según Francesc Miralles “es identificar aquello en lo que eres bueno, que te da placer realizarlo y que, además, sabes que aporta algo al mundo y te pagan por ello. Cuando lo llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu presencia en el mundo está justificada. La felicidad sería la consecuencia”.

Los 4 pilares del IKIGAI
El IKIGAI aparece en el punto en el que se cruzan cuatro cosas.
1. Lo que amas
Lo que disfrutas, lo que te atrae de forma natural, aquello a lo que vuelves una y otra vez porque te interesa de verdad. ¿Cómo sabes que amas algo/alguien? ¿Habías pensado en esto alguna vez? La respuesta es simple: sabemos que amas algo cuando pierdes la noción del tiempo. Amas algo de verdad cuando no solo disfrutas haciéndolo, sino que buscas la forma de volver, de mejorarlo y de profundizar en ello.
2. Lo que se te da bien
Dentro del IKIGAI, no basta con saber lo que te gusta. También necesitas identificar aquello en lo que realmente tienes capacidad. Sabes que algo se te da bien cuando se cumple al menos una de estas dos condiciones:
- Tienes un talento natural: hay una facilidad o sensibilidad que aparece con menos esfuerzo que en otras personas.
- Tienes formación: has estudiado o te has preparado y tienes una base técnica y título que lo respalda.
El talento te inicia. La formación te ordena. La validación te refuerza. La práctica te confirma.
3. Lo que el mercado necesita de ti
El mercado no compra lo que haces, compra el resultado que le resuelve un problema o le acerca a lo que desea.
No se trata de lo que te gusta a ti, sino de dónde eso tiene valor para otros.
Ejemplos:
– No “vendo cursos de inglés”, sino “te ayudo a conseguir trabajo hablando inglés”.
– No “soy entrenador”, sino “te ayudo a ponerte en forma y verte mejor en 3 meses”.
4. Por lo que te pueden pagar
Lo que puede convertirse en una propuesta profesional, un servicio, un producto o una solución por la que alguien estaría dispuesto a invertir dinero. Cuantas más personas puedan comprar tu solución, más resultados.
Cuando trabajas en algo que AMAS, QUE EL MUNDO NECESITA, QUE ERES BUENO Y GANAS DINERO, puede decirse que tienes tu IKIGAI. Al alinearse estas cuatro cosas, aparece un lugar donde tu valor tiene sentido.
Cuando falla alguno de esos 4 requisitos, entran en juego las inseguridades, las frustraciones, las malas actitudes y otros problemas derivados de no saber lo que se quiere. Entonces empiezan las malas caras en los trabajos y las malas actitudes.
Además, cuando haces lo que amas, eres bueno porque has estudiado para ello, el mundo necesita tu trabajo y además ganas dinero, ¡ni se te ocurre trabajar de forma amoral o sin ética!
No me cuentes tu vida, ¿esto a que viene?
Pues muy simple; es absolutamente INSOSTENIBLE en el tiempo una actividad que trabaje en contra de los principios éticos profesionales.
La ética cívica y profesional, tiene repercusiones directas en nuestro desarrollo profesional y por ello es un tema del que siempre le hablo a mis alumnos.
Cuando realizas un trabajo determinado, además de ser profesional y competente en tu ámbito de conocimiento, debes ser consciente en qué tipo de persona te conviertes realizando determinados comportamientos profesionales y también, sobre todo, a qué tipo de sociedad nos avocan y que lo hagas no solo teniendo en cuenta cuestiones morales y de valores, sino siendo capaces de argumentar por qué es preferible ese comportamiento teniendo en cuenta todas esas razones que tienen que ver con la responsabilidad, la justicia, la autonomía e incluso con tu capacidad de poner tu conocimiento al servicio de la sociedad.
